Pensamientos de un cuarto de siglo #25Inviernos

Hace 25 inviernos llegué a este mundo, llegué a una familia maravillosa y a lo largo de este cuarto de siglo he podido soñar con los ojos abiertos.

Me di cuenta en la carrera que soñar es un privilegio de pocos, y me siento afortunado por tener esta oportunidad, fruto del trabajo no solo de mis papás, sino de mis abuelos, tíos y mucha gente que me ha extendido la mano. Bendecido me sentía, pero también indignado, porque soñar debería ser un derecho  y no una opción para una pequeña porción de la sociedad que es privilegiada.

Confirmé en estos últimos años que soy un espécimen raro. Que no encajo en muchas partes, y que si bien podía soñar, también estaba limitado a lo que existía en el mundo y a lo que la sociedad me permitía soñar tomando en cuenta lo que era adecuado para alguien como yo.

Dos temas, la moda como una herramienta social y los pueblos indígenas presentes en México, se convirtieron en la mayor fascinación que tengo en el mundo, y que además son dos temas llenos de gente que cuenta historias magníficas, pero que también están llenos de injusticias. Quedé maravillado y con ganas de aportar mi granito de arena para disminuir todo lo negativo de estos dos mundos maravillosos.

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Mi sueño: Vestirme de México todos los días.

Llegó mi graduación y desde agosto de 2016 comencé a trabajar formalmente en mi sueño, Segunda Piel [Les contaré todo sobre este sueño próximamente]. Comencé este proyecto con la idea de generar más oportunidades para quienes no tenían la oportunidad de soñar. Un año y medio después, me doy cuenta de que sí esa es una de mis motivantes más fuertes, pero Segunda Piel es también la oportunidad que yo me estoy generando para ser pleno y feliz, que es mi oportunidad para hacer un mundo en el que yo encajo y nadie me impone nada.

¿Qué he aprendido?

Durante este tiempo he conocido gente estupenda, gente maravillosa, artesanos con ganas de salir adelante, talentosos y muy brillantes, gente que está aportando su granito de arena con un proyecto cuya alma una causa social. También he coincidido con gente avariciosa, servidores públicos que no hacen su trabajo, gente que dice trabajo por la sociedad pero solo llena sus bolsillos de forma poco honesta, artesanos que hacen su artesanía por necesidad, por orgullo también pero esta es una razón secundaria que solo sirve como discurso de venta, algunos artesanos que se han aprovechado de mí. De todo he aprendido, algunos días estoy a punto de desistir, pero siempre hay personas a mi lado que me animan a no decaer.

18699537_10211658628292974_5387116293323642102_oMás allá de todos los valiosos aprendizajes que he tenido sobre todos los temas relacionas con la moda artesanal, lo que más me he cuestionado y lo que más ocupa mi mente es a donde pertenezco, y hasta donde debe llegar mi trabajo y si estoy en una cruzada que no es la mía.

¿Entonces a dónde pertenezco? Cuando estoy en la ciudad y uso prendas artesanales hay de todo, gente que hasta me pregunta de donde es mi ropa y donde la compré [siempre es un gusto compartir], también está la gente que te hace desaires, quien te barre, quien hasta se burla de ti, hasta una vez me tocó escuchar un comentario a mis espaldas “pues es joto, como no” [esa vez no entendí muy bien cuál era la relación, pero pues para ese individuo mi sexualidad era muy evidente por la ruana que llevaba puesta, o quizá por como la estaba usando] . Hay veces que me da risa, otras que me desconcierta, otras me siento triste y otras más me pregunto cuál es la relación entre una y otra cosa en sus juicios.

Eso me hace sentir extrañamente vacío algunas veces. Como si no perteneciera ni a la comunidad ni al lugar donde nací.

Como si no fuera suficiente, están las personas que de la noche a la mañana son expertos en textiles y hasta me escriben que así no se usa, que como me atrevo a decir que mi sueño es vestirme de México y también uso ropa que no es artesanal, o por qué compro marcas extranjeras si tanto amo a mi país. Procuro usar piezas de origen nacional, pero no puedo negar que me gusta lo que se produce en otros países, desde lo artesanal hasta lo más comercial, siempre cuidando que sean producidos en esquemas éticos [aunque a veces no encuentro nada y me frustro].

26024181_10213459736119544_524678938501545398_oPor otra parte está cuando voy a comunidades de artesanos. Donde puede pasar de todo, y donde generalmente convivo con artesanas y con pocos artesanos. Donde me han visto la cara y donde he encontrado queridos amigos y también una comunidad de trabajo. Sin embargo, nunca siento que pertenezco ahí, y que no me ven como uno de ellos, o como un aliado. Eso me hace sentir extrañamente vacío algunas veces. Como si no perteneciera ni ahí ni al lugar donde nací.

Cuando uso una pieza artesanal, aunque no necesariamente tradicional [porque a veces me da miedo que por mi ignorancia caiga en una situación de falta de respeto], siento que es especial y que tiene un pedacito del alma de quien la creó. Que no es una prenda vacía y que se llenará una magnifica colección de historias, como si absorbiera todas las memorias maravillosas y las lecciones aprendidas.

Los reconozco [a los textiles] como parte de mi herencia cultural, pero a fin de cuentas no soy indígena

Sin embargo hay un pero, aunque me encantan todos los textiles y me fascina conocer sobre su técnica y su significado, yo no pertenezco a ese grupo, no es mío. Los reconozco como parte de mi herencia cultural, pero a fin de cuentas no soy indígena. Una de mis soluciones es adaptarlo a mí, si es parte de mi herencia cultural pues puede ser una parte de mi guardarropa, el cual refleja mi identidad. Pero hay otro pero dentro de ese pero, hasta qué punto lo puedo adaptar yo solito, y hasta qué punto es apropiación cultural e invalidación la estética original de esas piezas.

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Quizá para alguien más es muy fácil resolver esta inquietud, pero para mí ha sido un proceso largo, a veces me quita el sueño, y otras veces pretendo que no me importa ya nada.

He descubierto que todos esos sentimientos que me genera el sentirme fuera de lugar en alguno de los escenarios en los que vivo, me han orillado a generar una mezcla muy particular. Y que sin querer o como resultado natural, he querido conciliar este sentimiento de no encajar, en un mosaico que puede adaptarse a cualquiera de estos contextos, y con la capacidad de no perder eso que me hace especial, tanto en mi ropa como en mi pensar y mi actuar.

Es sin duda complejo, y para no caer en la apropiación cultural pero tener lo mejor de los dos mundos, he hallado dos opciones. 1) Compro a artesanos y/o les pido una pieza especial [algo así como una forma muy básica de co-creación para que tenga un pedacito de los dos] 2) Compro piezas a proyectos/diseñadores que colaboran de cerca con artesanos y que se adaptan a lo que yo considero mi “estilo”.

¿Por qué le doy tanto importancia a mi ropa? Porque ha sido la forma en la que he hallado para comunicarme con el mundo, porque otras formas no me han funcionado y porque estoy convencido de que es una herramienta ideológica poderosa que hace una diferencia todos los días y repercute en las relaciones sociales.

Al final lo que he aprendido durante este cuarto de siglo, es que soy privilegiado porque puedo decidir sobre mi vida y tengo la libertad y las oportunidades para hacer lo que quiera [algo que no todo mundo puede hacer], y que pertenezco en alguna medida a todas partes [obvio a algunas personas no les parece y lo externan] pero así como es difícil a veces, otras es muy gratificante.

Es quizá algo extraño y quizá algo insignificante para otros. Pero así como yo he encontrado mi refugio, mi batalla interna, mi vocación y mi fuerza en la vestimenta, seguramente hay quien ha encontrado otras formas y es lo que hace increíble el mundo, porque siempre y hay quien tiene otras inquietudes. Este es el mundo que yo me he hecho y el sueño que estoy construyendo, un mundo en el que quizá no es necesario encajar, sino solo encontrar el camino que te hace feliz respetando a los demás y aprendiendo de ellos para diseñar el mundo que queremos.

 

Publicado por mexicomisegundapiel

Internacionalista, diseñador de clóset, soñador. Mi sueño es vestirme de México todos los días

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